En busca de la silla perfecta

Todo empezó ayer, con un sonoro CRACK y mi hermoso cuerpo estampado en el suelo. Claro que la parte que más sufrió fue también la más acolchada, menos mal. Debido al momento del día y demás quehaceres, no pude reemplazar mi preciosa aunque anciana silla.

Esta mañana salí en pos de la silla que recibiría el glorioso honor de mis reales posaderas. Han sido de las peores tres horas de mi vida. He visitado todas y cada una de las tiendas de muebles. Oh, he visto muchas, muchas sillas, de las cuales la mayoría parecían juguetes para niños. Y los que no lo eran costaban unos 200€. Vale que necesite una silla, pero sinceramente, prefiero escribir de pie delante del ordenador que gastarme ese dineral en un cojín de cuatro patas.

Al fin, en la última tienda la vi, toda acolchadita ella. Lo primero que hice, claro, fue probarla. Cuando me senté, la verdad, mi culo se sintió en la gloria. Qué maravilla! La decisión estaba tomada. Cogí rápidamente la única caja que quedaba antes de que uno de esos bizarros humanoides de dedos largos se acercara a husmear en mi territorio.

Ya en casa, procedí a sacar cuidadosamente cada pieza. Tuve un ligero flashback de mi misma montando un mueble de Ikea y gritando como una verdulera. Afortunadamente, las instrucciones eran unas de verdad, y fáciles de entender (eso sí que se me hizo raro).

No, no acaba aquí. En medio del montaje me di cuenta de que faltaban ocho tornillos, no dos ni cuatro, no, ocho. Volví a coger el coche y vuelta a la tienda, que por cierto está a media hora de mi casa. Al llegar allí, escucharon amablemente mi queja. Enseguida se dieron cuenta del problema. Justo cinco minutos antes había estado un hombre con el mismo problema. Al parecer esos ocho tornillos se hallan dentro de otras piezas. Básicamente me dijeron de meterles mano hasta el fondo. Bonita expresión, sí señor. Fue inevitable acordarme de la maravillosa prosa en el horario nocturno de Twitter.

Al volver a casa hice exactamente eso. Meter la mano hasta el fondo. Y sí, ahí estaban los tornillos perdidos, malditos ellos. Pude acabar de montar la nueva y brillante silla. Lo primero fue, por supuesto, sentarme en ella y sentirme todopoderosa. Valió la pena todo el esfuerzo del día.

Aquí os dejo la foto del objeto que consiguió extasiarme, agotarme y hacerme sudar hasta la deshidratación.

deliriosfriki_misdelirios_silla

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s